El prestigiado periódico de circulación nacional “El Universal” publicó ayer, en su sección anónima denominada “¡No te pases!” una auténtica infamia:
USTED podría imaginarse que, después de un concierto, los cantantes poperos pasan el resto de la noche en la fiesta, conviviendo con los fans, lidiando con grupis y gozando de todos aquellos placeres que se pueden ocasionar por el hecho de ser un personaje famoso. Pues en el caso de Jorge Martínez Guevara, el vocalista del grupo Elefante, esto es muy cierto. Resulta que el resto de los integrantes de la banda prefieren descansar en casa junto a su familia luego de los conciertos, pero a Martínez le queda cuerda para rato: goza de bebidas espirituosas, se dedica a bailar e incluso de da tiempo para apapachar a una que otra fan mientras les canta al oído: “Desde que llegaste / no me quema el frío / me hierve la sangre.”
Para empezar, Jorge Martínez dejó a la citada agrupación en abril de 2007, tras argumentar que la banda “no lo dejaba crecer” y que deseaba retomar su carrera como compositor. Martínez Guevara había llegado a “Elefante” a principios de 2004 como sustituto de Reyli, vocalista original y fundador del grupo.
Lo más indignante de esa información es que Jorge se ha caracterizado (desde su época como líder de “Caos”, donde cobró popularidad gracias a una canción titulada “La Planta”) por su conducta pasiva y mesurada. Lo recuerdo en la Feria Chiapas 2002, cenando tranquilamente en un puesto de tacos junto a otros miembros de su agrupación primigenia tras repartir autógrafos.
En marzo de 2004 lo vi ya con “Elefante” en un festival radiofónico de cuatro días, donde su grupo en turno calentó el tablado para la posterior presentación de Kalimba y el subsiguiente cierre de actividades (por esa jornada) a cargo de Reyli, en una de sus primeras presentaciones como solista. Se rumoró que los otros miembros de la banda invitaron a Reyli para un “palomazo”, pero el chiapaneco habría rechazado la propuesta por respeto a Martínez.
Todos se fueron a dormir alrededor de la medianoche y, pocas horas después, tuvimos oportunidad de saludarlos en el antiguo aeropuerto militar de Terán. Martínez y sus compañeros estaban frescos y lúcidos, sin resaca ni huellas de alguna desvelada.
La última vez que presencié una actuación suya fue en diciembre de 2005, durante la Feria Chiapas correspondiente a ese año. Al terminar la tocada de “Elefante”, una multitud de reporteros, invitados y colados saturaba el camerino. Jorge Martínez pasó directamente del escenario al vehículo asignado para su transportación y emprendió la huida hacia el hotel, mientras que el resto del grupo se quedó casi una hora platicando con el público y la prensa. Ante los cuestionamientos sobre la inesperada partida de su vocalista, uno de sus camaradas confesó: “Le gusta dormirse temprano para levantarse igual; además, le dolía la garganta”. Sin embargo, un “ingeniebrio de zumbido” fue más directo: “Siempre ha sido un aguafiestas, pero ya nos acostumbramos”.
¿Y ahora nos quieren vender la idea de que Jorge Martínez Guevara es un destrampado pachanguero, además de borracho y lujurioso? Tal afán resulta, por lo menos, risible.
El cantante actual de “Elefante”, por su parte, responde al nombre de Javier Ortega y se integró a la agrupación en la segunda mitad de 2007. Hay pocos datos fidedignos sobre su comportamiento fuera del escenario, pues son escasas las ocasiones en que alguna fuente merecedora de crédito lo ha escudriñado.
Para finalizar, es pertinente aclarar que el fragmento de canción mencionado en “¡No te pases!” corresponde a “Desde que llegaste”, una melodía compuesta e interpretada por Reyli en su etapa fuera del grupo. Por ello, Jorge Martínez jamás la ha cantado ni “Elefante” la ha ejecutado, al margen de quién sea su vocalista.
Este tipo de notas es el que desprestigia el quehacer periodístico y pone en entredicho la solvencia moral de los comunicadores enfocados a la farándula. Y así seguiremos, mientras los editores pertenecientes a “La Cofradía de la Mano Caída” encubran a cualquier reporterillo que les mida el aceite…